domingo, 4 de febrero de 2024

Para escoger un candidato de consenso hay que despersonalizar la opción política y dejar a un lado el culto a la personalidad

 


Víctor Álvarez R. / Premio Nacional de Ciencias

Ante el creciente reclamo por no tener una fecha clara para las presidenciales de 2024, el oficialismo reaccionó con el llamado a Elecciones Ya y sus voceros ahora hablan del mes de mayo. Una vez inhabilitada MCM por el TSJ, la nueva jugada del gobierno es apostar a que -en un lapso tan corto-, los partidos de la PUD no logren escoger una candidatura de consenso, se dividan y decidan abstenerse. Solo así el gobierno podrá convertir en mayoría el decadente apoyo que registra en las encuestas.

MCM ha dicho sin mí no habrá elecciones e insiste en mantener su candidatura hasta el final. Y sus seguidores dejan oír su voz: o es MCM o no es nadie. Sin embargo, quienes piensan que con la inhabilitación del TSJ ya será imposible inscribir su candidatura en el CNE, plantean que la PUD no debe seguir perdiendo tiempo ni esperar hasta el último día de inscripción para anunciar al nuevo candidato. Aferrarse a una candidatura que no puede correr en la carrera presidencial es poner en peligro lo que el país descontento sí puede lograr en torno a una candidatura de consenso: es decir, capitalizar electoralmente el enorme rechazo al gobierno para lograr un cambio en el mando político por la vía electoral y pacífica.

Esa nueva candidatura de consenso todavía no existe y hay que construirla. Desde Barinas dejó escuchar su voz el gobernador Sergio Garrido, quien dijo: “No nos vamos a parar por María Corina Machado, escogeremos otro candidato”. Garrido personifica el éxito de una decisión pragmática y oportuna que se tomó en tiempo real cuando Freddy Superlano -el candidato de la PUD a la gobernación de Barinas-, le fue desconocido su triunfo, convocaron nuevamente los comicios pero lo inhabilitaron a él y a su sucesora para que no pudieran competir y ganar. La PUD hubiese podido llamar a la abstención, pero para capitalizar electoralmente el enorme rechazo al candidato oficialista, el candidato inconstitucionalmente inhabilitado se hizo a un lado y apoyó a un candidato de otro partido, quien finalmente se alzó con la victoria de la oposición en el emblemático estado de Barinas, la tierra donde nació Hugo Chávez, el líder de la Revolución.

Mantener viva la posibilidad de cambio pasa por convenir lo antes posible un mecanismo para escoger un sucesor, mecanismo en el cual MCM debe participar activamente. Sin su decidido apoyo a la nueva candidatura aumenta la probabilidad de que la oposición se divida, se abstenga y sea derrotada. El reto para la PUD es transformar la indignación que causa la inhabilitación de MCM en una inspiración para movilizar a un electorado que necesita un sustituto que -al votar por él- sientan que están votando por ella.

Los partidos de la PUD que reconocieron el triunfo de MCM en la Primaria presidencial han dicho que una cosa es la candidatura unitaria y otra cosa muy distinta es el liderazgo político de la coalición opositora. Esta tensión impidió consolidar una unidad sincera en torno a MCM. Se nota un distanciamiento y falta de comunicación entre la candidata y los líderes de la PUD que la han dejado prácticamente sola. MCM también los subestima y no los convoca porque los 12 aspirantes que le disputaron la candidatura presidencial no sumaron juntos el 8 % de los votos escrutados, y los hechos dicen que le suman muy poco a su propio caudal electoral.

El ex coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús “Chuo” Torrealba afirmó que: "La dirigencia de los partidos de oposición esperan que el Gobierno les haga el favor de quitarle del medio a María Corina. En vez de exigir su habilitación, tienen la esperanza de heredar su caudal electoral". Mientras se mantuvo la expectativa de que podía ser rehabilitada, la PUD tampoco hizo el trabajo de construir una poderosa maquinaria electoral capaz de movilizar a los seguidores y de defender los votos en todos y cada uno de los centros y mesas electorales que se instalarán a lo largo y ancho del territorio nacional. Este trabajo lo asumió el partido de MCM, Vente Venezuela y SUMATE.

La posibilidad de que la PUD pueda participar en las presidenciales de 2024 emplaza a buscar un nuevo candidato. Este no podrá ser ninguno de los que compitieron en la primaria presidencial. Son cadáveres políticos que no tienen nada que buscar. Al precandidato que llegó de segundo con apenas el 4% de los votos lo expulsaron de su partido, y el resto de los precandidatos no logró el 1%. Definitivamente, el orden de llegada no puede ser el criterio para escoger al sucesor. Y como MCM se llevó el 92,35 % de los votos, ninguna coalición en el seno de la PUD suma lo suficiente como para imponer su voluntad, tal como lo hacía entes en el G-4 los cuatro partidos que habían sacado el mayor número de diputados en las parlamentarias de 2015. Aun así, los partidos de la PUD no están dispuestos a dejar que MCM se arrogue la prerrogativa de escoger y levante la mano al sucesor. Todo esto plantea los siguientes escenarios:

ü  MCM se convierte en la gran electora y nombra su sustituto/a

ü  La PUD toma el control para nombrar nuevo candidato/a

ü  MCM y la PUD se articulan en una verdadera dirección política que define el método de sustitución

ü  La pugna por ser el sucesor genera nuevas divisiones

ü  Surge un outsider que logra el consenso político

Mientras se sigan confundiendo deseos con realidades, la personalización de la política, el culto a la personalidad y las estrategias gobernadas por el voluntarismo y la ambición personal llevarán a perder un tiempo crucial que pondrá en peligro la mejor oportunidad de cambio político en los últimos 25 años. A los electores venezolanos no se les ofrece un proyecto político de cambio, sino que se les convoca a apoyar incondicionalmente a un líder con ínfulas de mesías y redentor. Se impone despersonalizar la opción política para motivar y movilizar a los ciudadanos en torno a un proyecto político de unidad nacional esperanzador, cuyo exponente pueda ser cualquier candidato íntegro y decente, que intérprete el sentir nacional y reúna las condiciones básicas para ser jefe de estado y presidente del gobierno.

Pero mientras la esperanza de cambio gire única y exclusivamente en torno a una persona que se aferra a la idea de que si no es él/ella no es nadie, el país descontento seguirá viendo como las aspiraciones nobles, se convierten en ambiciones particulares que finalmente se degradan en codicia personal y llevan a desperdiciar las oportunidades históricas de cambio. Para no perder la mejor oportunidad de cambio en el mando político que tiene el país descontento con el gobierno y la oposición, es necesario despersonalizar la opción política y, en vez de rendirle culto a un liderazgo mesiánico, más bien promover la organización y participación electoral en torno a un gran proyecto de reencuentro, reconciliación y reconstrucción nacional que motive y movilice masivamente al país descontento, tanto con el gobierno como con la oposición.

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